Historia
A finales de la década de 1920, mientras la Cerro de Pasco Corporation consolidaba su dominio sobre la minería peruana, un movimiento comenzaba a gestarse en los campamentos de la sierra central. José Carlos Mariátegui, desde las páginas de la revista Amauta y el periódico Labor, impulsaba la formación de una conciencia de clase entre los trabajadores mineros. Su prédica, de clara influencia marxista, encontró terreno fértil en Morococha, Casapalca y La Oroya.
Entre el 10 y el 14 de octubre de 1929, una huelga minera en Morococha marcó un hito: se formó el Comité Central de Reclamos, primera experiencia de organización con influencia marxista en el sector. Detrás de esta iniciativa estaba Gamaniel Blanco, un joven profesor nacido en la comunidad campesina de Vinchos, en Pasco. Blanco, que había sido corresponsal de Amauta y militante del Partido Comunista Peruano (inicialmente fundado por Mariátegui con el nombre de Partido Socialista Peruano), se convirtió en el principal organizador de los mineros del centro. Junto a Augusto Mateu Cueva, Adrián Sovero, Julio Portocarrero y Jorge del Prado, realizó una labor fundamental de afirmación de la estructura sindical en Yauli-Oroya, Cerro de Pasco, Goillarisquisga y Malpaso.
Pero la respuesta del Estado fue inmediata y violenta: el 11 de noviembre la policía intervino el evento, desatando una ola represiva que culminó en la masacre de Malpaso. El 13 de noviembre, los mineros tomaron la fundición de La Oroya y la propia ciudad, pero la represión no se hizo esperar. La CGTP fue disuelta, sus locales ocupados por la policía, y se declaró el estado de sitio en Lima y Junín. Gamaniel Blanco fue perseguido, encarcelado y sometido a una golpiza brutal por parte de los militares. Murió en 1932 en la cárcel del Frontón, convertido en el primer dirigente mártir del movimiento minero peruano.
Muerto Mariátegui y duramente reprimido e ilegalizado el movimiento sindical y minero, pasaron casi cuatro décadas en donde el movimiento sindical minero se caracterizó por estar disperso, débil y bajo la tutela del Partido Aprista, organización que apeló a una política de sometimiento y conciliación con las empresas y gobiernos de turno.
A finales de la década de los 60 el movimiento sindical empieza a sacudirse de su letargo. El 5 de diciembre de 1969, en la ciudad de La Oroya, se fundó la Federación Nacional de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos del Perú (FNTMMP), afiliada a la CGTP. Era el inicio de una nueva etapa, pero la semilla sembrada por Mariátegui y regada con la sangre de Gamaniel Blanco seguía dando frutos.
En 1978, la Federación realizó su primera Huelga Nacional Indefinida, que duró 81 días. Fue acatada a nivel nacional por las bases de la gran minería y la mediana minería. Las reivindicaciones centrales eran la reposición de los dirigentes y trabajadores despedidos tras el Paro Nacional del 19 de julio de 1977. Aunque la huelga no logró todos sus objetivos, tuvo un efecto inesperado: numerosos sindicatos mineros de zonas alejadas, que tomaron conocimiento de la existencia de la Federación a través de la prensa y la televisión, solicitaron su afiliación, fortaleciendo la organización.
El momento cumbre de la lucha minera llegaría en la década de 1980, de la mano de un dirigente excepcional: Saúl Cantoral Huamaní. Nacido en 1946 en Saisa, Ayacucho, Cantoral llegó a Marcona a comienzos de los setenta, donde trabajó como soldador. Su trayectoria sindical lo llevó a ser elegido secretario general del sindicato de Marcona en 1984. En el Primer Congreso Nacional Unificado Ordinario, realizado del 18 al 23 de mayo de 1987, fue elegido secretario general de la Federación ya unificada.
Desde ese cargo, Cantoral impulsó una tarea prioritaria: la elaboración del Pliego Nacional Minero como un pliego de rama de actividad, bajo negociación articulada. Conformó un equipo de dirigentes del CEN y asesores, dividiendo el trabajo en varios capítulos, desarrollando la fundamentación de cada punto y tomando como referencia los derechos y beneficios que los sindicatos mineros habían logrado a través de la negociación colectiva a lo largo de muchos años. Se hizo una profunda y bien planificada bajada a todas las bases. Finalmente, el documento del Pliego Nacional fue sometido a debate, aprobado en Asamblea Nacional de Delegados y difundido ampliamente entre las bases, convirtiéndose en un importante eje de movilización.
Las dos huelgas nacionales de 1988 fueron el resultado de ese esfuerzo. Ambas contaron con marchas de sacrificio en las que más de 10,000 trabajadores, junto a sus esposas e hijos, marcharon hacia Lima. En el curso de esas huelgas se forjó la unidad sindical entre los trabajadores de la mediana y gran minería, llegando al máximo de acatamiento con 120 organizaciones sindicales, fortaleciendo a la Federación Nacional Minera como nunca antes.
La lucha no fue en vano. El gobierno y las empresas se vieron obligados a ceder. Los logros fueron concretos e históricos:
D.S. N° 098-88-PCM — Reconoció el derecho de los trabajadores mineros, metalúrgicos y siderúrgicos a la negociación colectiva por rama de actividad (Pliego Nacional), dejando subsistente el derecho de los trabajadores de las organizaciones sindicales de primer grado del sector a presentar sus reclamaciones colectivas a sus respectivos empleadores, teniendo en cuenta sus particulares condiciones de trabajo, evitando la duplicidad de beneficios (negociación articulada).
R.M. N° 323-88-TR — Estableció el nombramiento de la Comisión Negociadora para lo cual tanto la Federación Nacional Minera como la Sociedad de Minería y Petróleo – SNMPE, debían designar a sus representantes para negociar.
Ley 25009 (25 de enero de 1989) — Ley de Jubilación Minera, Metalúrgica y Siderúrgica, que reconocía el desgaste acelerado que produce el trabajo en las minas y establecía un régimen especial de jubilación.
Estos logros fueron fruto de la presión en las calles, de la tenacidad de Saúl Cantoral y de toda una generación de dirigentes que dieron todo por la causa de los trabajadores.
Los días 26, 27 y 28 de enero de 1989, la XIII Asamblea Nacional de Delegados aprobó una tercera huelga nacional para mediados de ese año. Pero el 13 de febrero de 1989, Saúl Cantoral fue asesinado en Lima junto a la compañera Consuelo García, gran activista del movimiento sindical y de la Central de la mujer minera. La lucha por el Pliego Nacional le costó la vida. Sin embargo, su legado permanece: la negociación por rama de actividad y la ley de jubilación minera son conquistas que llevan su nombre, aunque ciertos sectores de la izquierda, incómodos con su espíritu crítico e independiente, hayan intentado minimizar su papel.
En las décadas siguientes, la Federación enfrentó la embestida neoliberal de los años noventa, con la privatización de las empresas estatales, los despidos masivos y la imposición de la tercerización laboral. Pero nunca desapareció. En junio de 2025, ante un nuevo intento de shock desregulador que pretendía derogar normas clave como el DS 001-2022-TR, la Federación se movilizó y logró frenar la medida.
Hoy, la FNTMMSP sigue siendo la voz de los trabajadores mineros, metalúrgicos y siderúrgicos del Perú. Su historia tiene nombres propios: José Carlos Mariátegui, que sembró la conciencia de clase; Gamaniel Blanco, el primer dirigente mártir, que murió en la cárcel por organizar a sus compañeros; Saúl Cantoral, que unificó las distintas tendencias dentro del movimiento sindical minero, que nunca tuvo temor ante las amenazas de las empresas y los gobiernos, dando su vida por el pliego nacional y la jubilación minera. Ellos y tantos otros dirigentes anónimos mantuvieron viva la organización en los momentos más difíciles. La lucha continúa hasta la victoria final.
